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  2019koUrtarrilak 17

Un ermitaño en mi jardín

En la Inglaterra del Siglo XVIII se vivió una de las tendencias más frívolas de la historia de la humanidad: tener a un señor viviendo como ermitaño en su jardín.

Un ermitaño o eremita es una persona que elige llevar una vida solitaria y ascética, sin contacto permanente con la sociedad. En ellos prima la oración y purificar el alma.

En el siglo III, algunos cristianos de Alejandría se alejan a los desiertos para alcanzar la perfección espiritual. Se alejan al desierto o a cuevas subsistiendo gracias al trabajo manual. Sus ayunos eran muy prolongados y mantenían una vida espiritual durísima. Estos individuos aislados fueron creando grupos a partir de siglo V y ya en el siglo XII Y XIII se crean en Europa monasterios donde los monjes llevan una vida de carácter espiritual contra una vida llena de opulencias.

Además del eremitismo más conocido, existieron hombres y mujeres llamados «inclusos» o «reclusos» que se encerraban voluntariamente en una celda que hacían tapiar. Podía ser eventualmente o por vida y era considerado de gran prestigio por las virtudes heroicas que atribuía. En estos reducidos habitáculos había una pequeña ventana por donde entraba luz, comida y bebida. Esta figura perdió fuerza en el siglo XV hasta desaparecer por completo en el siglo XVII. Sin embargo, el eremitismo como tal continuó existiendo aisladamente.

La Inglaterra del Siglo XVIII vio una de las tendencias más frívolas de la historia de la humanidad: tener a un señor viviendo como ermitaño en su jardín. Edith Sitwell, en su libro ingleses excéntricos (1933) menciona este documento:

"… ciertos nobles y hacendados solicitaban ermitaños decorativos por medio de anuncios. Creían que nada podía proporcionar tanto placer a la vista como el espectáculo de un anciano de luenga barba gris y áspera túnica caprina, chocheando entre las incomodidades y las delicias de la naturaleza.

El honorable Charles Hamilton fue uno de esos admiradores de la singularidad y el silencio, y tras poner un anuncio solicitando un ermitaño, hizo construir un retiro para tan decorativa pero retraída persona en un escarpado montículo que se alzaba en sus tierras.

Hamilton no tuvo, al parecer, dificultades para conseguir un ermitaño… Según las condiciones del contrato, debería “permanecer siete años en la ermita, donde dispondría de una Biblia, cristales ópticos, una esterilla para los pies, un cojín por almohada, un reloj de arena para contar las horas, agua para beber y alimentos de la casa. Llevará una túnica de camelote y jamás, bajo ninguna circunstancia, se cortará el cabello, la barba y las uñas ni cambiará una sola palabra con los criados".

Normalmente no eran ermitaños de verdad, sino personas que cobraban por ello. Su tarea era ejercer de decoración del jardín, actuar para el entretenimiento de los señores de la casa o incluso proporcionar sabio consejo, ya que los eremitas tenían fama de dar sabios consejos debido a su modo de vida espiritual.



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